soy un invento
soy un invento
que se ha ido olvidando
una idea suelta
un grito desesperado
un sutil peso
El espaldar de la silla donde todos los días me siento se siente un poco desgastado. Me estiro un poco y tiemblan las patas de plástico. A veces, entre esos estirones y bostezos pienso que en mi cuarto este año ha pasado rápido. Es una máquina del tiempo.
Es un ejercicio de nostalgia eso que hago: mirar a mi alrededor, ver las paredes de color blanco hueso, voltear hacia la ventana larga y pequeña. Todo ha cambiado afuera, pero adentro, ¿cuándo?
Me he leído libros, jugado, he escrito miles de líneas de código, he hablado y he llorado, me he dormido y también desnudado junto (o incluso, en) a esta silla de plástico café. He crecido y también engordado, ¿y ella? Esta silla será eterna, seguirá allí, junto a la esquina de este cuarto. Yo ya no estaré.
El espaldar de mi silla ya me maltrata. Termino de escribir estas letras y volveré a estirarme, se escapará un bostezo. Tal vez deje de inventarme el intacto tiempo dentro de mi cuarto o la silla eterna.
Seguiré siendo una idea suelta que se destiñe.
—Karther Rupnik