Para Meli & Alex
Como ya es costumbre, dentro de poco Melissa estará a cientos de kilómetros de distancia. Kilómetros que se podrían recorrer, si uno quisiera, nadándolos en bicicleta como Juan Luis Guerra nadó el Niagara. Así que quiero regar estas palabras y organizar lo que ahora mismo siento.
A esa distancia creería uno que se pierde de vista nuestra costa caribeña y Colombia deja de ser un país para convertirse en un mito de otro continente. Pero no es así, porque a través de esos 1700 kilómetros ya hay un puente invisible, un portal que se ha abierto y se fortalece cada año que pasa, cada mes.
Este portal se mantiene abierto porque entre los tres hemos dejado un reguero de recuerdos a través de estos años que ya nos persiguen dondequiera que estamos, sin importar la edad o época del año. Hay memorias de playa y noches de año nuevo, de viajes en familia y salidas nocturnas, hay recuerdos de adolescencia y de metidas de pata. Tengo en mi memoria la idea más tangible que alguna vez pueda llegar a tener: ustedes son mis amigos.
Alexander, Melissa. Los llevo en el corazón como aquellos a los que llamo amigos sin dudar una sola letra de esa palabra incomprendida, a pesar de la distancia, tiempo o cantidad de palabras cruzadas en los últimos meses.
Los llevo en la memoria y en mi existencia. Llevo cada uno de sus recuerdos hasta mis huesos, porque de muchas maneras han aportado a lo que soy ahora y lo que algún día podré ser. Les debo mucho y nunca sabré cómo pagar, pagarles su vida.
Lo único que puedo hacer es decir: ¡gracias, muchas gracias, por la paciencia, dedicación y confianza puesta!
Con amor, mucho amor,
Wilson