Wilson Tovar (krthr)

pandemia & erotismo II

Se ciñó sobre nosotros el peso de la luz
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ tenue que de a poco entraba al cuarto.

Tus ojos café y grandes
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ golpeaban mi existencia desde antes de lanzarme a tus brazos.

Se ha detenido el tiempo en el cuarto
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ y hemos quedado suspendidos sobre sábanas, la cama y al aire invisible.
Nos entregamos, en medio de la ingravidez, el uno al otro:
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ entre besos, miradas largas y leves roces entre nuestros cuerpos.

Uno a uno mis escudos fueron cayendo
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ y entre tus brazos fulminantes caía muerto.
Tu sexo húmedo y tus labios juguetones.
Tus gemidos tiernos y tus movimiento de cintura.
Morí frente a cada uno de ellos. Un disparo en el cuerpo entero.

Un descanso corto. Palabras bonitas entre vos y yo.
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Confesiones de después de hacer el amor.
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Aquí vamos de nuevo.

Mi deseo condensado cabalgó tus nalgas y
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ en medio de movimientos desconocidos
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ pude sentir tu interior,
hemos caído a un vacío infinito.
El placer incesante,
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ queremos más,
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ más de todo esto.

Morimos.
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Tú y yo.
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ En una tarde.
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ En tu habitación grande.
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Lo hice entre tus senos tan bien hechos
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ y entre tus labios.
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Moriré una vez más,
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ fusilado por la ternura,
‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ cuando vuelva a verte.

—Karther Rupnik

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