pandemia & erotismo I
¿Qué podría uno decir frente a tan inmensa multitud de pensamientos, ideas, sueños, palabras y sensaciones que se plantan indefinidamente en mi cabeza cuando -por alguna coincidencia- tu imagen llega a tocar mi puerta?
No podría hacer nada. Soy indefenso frente a ti. Desde el principio lo fui.
Ataca, sin tregua alguna, tu sonrisa mi pulsación inestable y mis ganas de sonreír.
Una vez más, sin defensa posible, mi cuerpo siente tu ataque violento.
Cada vez que pienso en tu mirada, tierna y pronfunda, mis pupilas alborotadas se abren y se cierran. ¿De dónde venís?
Destapas tus cartas sin pensar en que, al otro lado del chat, abriré un mensaje, leeré tus letras y pensaré con todo mi cuerpo
Sí, pensaré con todo mi cuerpo. Desde mi cabeza hasta mis pies, pasando por mi pecho, espalda y mi sexo.
Te pienso completa y tierna.
Te pienso entregada, vertida en mis cimientos, saltando y cruzando ríos de nuestro cuerpo.
Te pienso como uno lo haría en secreto.
Te pienso abrazada a nosotros: mis deseos, mis poemas y yo.
Serán tus pechos (que desde ya siento), los amuletos de buena suerte y será tu sexo el hogar cálido, una ventana a otro mundo.
Quisiera, por último, lanzar un suspiro por mi ventana. Esperar a que llegue a ti, que lo sientas en todo tu cuerpo: donde quieras, llévalo.
—Karther Rupnik