Medellín
La habitación se ha llenado de preguntas y gestos que insinúan deseos. Me has llevado a la habitación en medio de esta noche de llovizna eterna.
Somos dos extraños conociéndose en la gris oscuridad. Tus senos grandes y de grande pezones me dan la bienvenida. "Ven, ven, no dejes nada para ti imaginación", me dicen. Nuestros cuerpos que se mueven al unisono, como si una canción sonara de fondo, tenemos un ritmo desconocido, pero marcado.
Lo hemos hecho en ese silencio a medias que la lluvia deja. Me has consumido en medio de gotas que se inmolan.
—Karther Rupnik