Esta experiencia universal de sonidos y aire en movimiento
Hace poco asistí al concierto de Patrick Watson en Madrid y, mientras disfrutaba de su magistral presentación, en mi cabeza brotaron estas ideas sobre lo hermosa que es la experiencia universal musical. Fue inevitable llorar por una multitud de razones:
Cuando escucho una canción, ya sea una conocida o una novedad por descubrir, siento esta fascinación por aquellas voces y personas que han participado en la creación de las letras y palabras, de las rimas y los sonidos, de cada instrumento y de aquellos en el fondo con sus detalles que ni siquiera mis oídos podrán escuchar.
Y si yo canto y brinco y grito y siento lo que canto, otros lo sentirán y cantarán y brincarán sintiendo lo que siento. Y el aire será redoblado y se romperá por los cuerpos al unísono.
Y porque me acuerdo de las personas por sus sonidos y la música que compartimos. Con el tiempo, les termino asignando involuntariamente una canción, una melodía: lo que sonaba en la radio, un grupo musical que nos gusta(ba) a los dos, la portada de un álbum que escuché sin cesar mientras nos hacíamos amigos... y así.
Es la música una de las cosas que me hacen vivir. Sin ella no logro expresar lo que siento y gracias a ella entiendo mejor el mundo. Y mientras más sonidos conozco, más universal me siento, porque otros han sentido lo que yo y han cantado al respecto y ahora puedo cantar junto a ellos, haciendo coro, sobre esta experiencia universal, sobre esta vida bonita y angustiosa.